domingo, 20 de julio de 2014

QUEREMOS VACACIONES… PERO, ¿CUÁNDO EMPEZARON?

El verano es una época claramente vacacional. Todo el mundo se toma unos días de descanso; viaja de un lugar a otro, aunque sea tan solo a una hora de distancia de su residencia habitual; y hace las cosas que no puede durante el resto de año.
Parece algo muy moderno, pero las vacaciones también tienen su historia.
 


Etimológicamente, la palabra vacaciones deriva del latín vacans, participio del verbo vacare, que significa estar libre, desocupado, vacante; o de la palabra vacatio-vacationis, que significa dispensa o exención.
Hoy en día, la palabra vacaciones suele significar, por lo general, un traslado de domicilio o un viaje. Pero no se debe olvidar que también es una época de descanso y relajación para las personas, aunque no se salga de la propia ciudad.
Si lo miramos desde este último punto de vista, descanso en la propia ciudad, encontramos que ya existían vacaciones en la antigua Atenas, donde los ciudadanos varones (debemos recordar que la antigua Grecia era absolutamente patriarcal y machista) de todas las clases sociales encontraban en los baños públicos un ámbito propicio a la vida social, a la par que de higiene personal.
Esta posibilidad de esparcimiento y cultivo del cuerpo en la ciudad en la que se habita, también existía en la antigua Roma, donde los ciudadanos acudían a las termas para relacionarse con sus conciudadanos y relajarse. También recibían cuidados medicinales, masajes con esencias y aceites especiales e incluía salas para prácticas deportivas.
Escena de la película Vacaciones en Roma. Fuente:  http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons
Estos baños romanos abrían al mediodía y cerraban al ponerse el Sol. En los lugares destinados al baño había departamentos separados para hombres y mujeres; si no había espacios separados, el establecimiento abría unas horas al día para mujeres y otras para hombres.
Como excepción, solo una vez al año las termas eran abiertas al pueblo.
Pero ya en la antigua Roma, aparecieron las vacaciones como desplazamiento. La red de carreteras construida por el emperador Adriano, en el siglo II d.C., generó las condiciones de seguridad necesarias que facilitaron a las clases acomodadas del imperio trasladarse durante el verano. Patricios y funcionarios abandonaban Roma durante la época estival y se instalaban en villas de Galia, Hispania o el Danubio, desplazándose en carruajes de cuatro ruedas tirados por caballos.
Esta costumbre cayó junto con imperio romano.
En la Edad Media, los caminos eran poco seguros para la circulación de viajeros; estaban llenos de delincuentes que asaltaban los carros. Sin embargo, se tiene constancia de que en España volvió esta costumbre. Los primeros en otorgarse a ellos mismos vacaciones fueron los jueces, por la poca actividad registrada durante el verano. Después se unieron los miembros del clero quienes, al ser los encargados de la docencia en aquella época, fueron los artífices de las vacaciones escolares de verano.
Durante esta época se consolidó en Europa un sistema de comunicaciones vigente hasta la aparición del ferrocarril: el sistema de postas. Marco Polo lo importó de sus viajes a Oriente, donde este sistema de comunicación lo utilizaban en los dominios del Gran Kan.
Sierra de Espadán. Fuente: Carmen Lacasa
Durante toda la Edad Media y hasta el siglo XIX, las vacaciones solo estaban al alcance de reducidísimas minorías.
A partir del siglo XVIII, se hizo popular entre la aristocracia francesa la costumbre de veranear, ya que muchos miembros se desplazaban en verano desde Versalles y París hasta la Champaña, en unos viajes ostentosos con numerosos carruajes.
Es conocido también el viaje que lord Byron emprendió junto a una caravana en la que viajaban también su médico personal, sirvientes, animales domésticos, amigos y la condesa Giuccioli, su compañera, en un alarde de lujo turístico de la nobleza inglesa.
El concepto moderno de vacaciones como desplazamiento se generalizó a partir del siglo XIX y puede considerarse consecuencia de la aparición de un medio de transporte fruto de la revolución industrial: el ferrocarril, con las posibilidades que presentaba para viajes al alcance de todas las clases sociales. A partir de este momento, los desplazamientos aumentaron e incluso las clases menos pudientes tuvieron posibilidades de tomarse unos días de descanso fuera de su residencia habitual.  
A principios del siglo XIX, en 1836, se publicaron en Alemania las primeras guías del viajero, que han llegado hasta nuestros días. Se empezaron a construir hoteles turísticos con recorridos que incluían excursiones, estancias en balnearios y los viajes en ferrocarril.
En Estados Unidos, un pastor cristiano llamado William Henry Harrison Murray publicó, a finales del siglo XIX una serie de artículos y guías turísticas de las bellezas naturales de las montañas Adirondack, en el estado de Nueva York. Con ello, motivó a las clases media y baja a tomar vacaciones; permitidas económicamente hasta entonces tan solo por la clase alta.
A partir del período entre guerras (1918-1939), empezó un despliegue publicitario con el ideal de las vacaciones. Ello, sumado a que la exhibición del cuerpo desnudo dejó de ser considerada indecente, supuso la divulgación de que el ideal de la vida eran las vacaciones; que unos días al año, fuera del entorno habitual, eran lo que todo el mundo necesitaba para tener una vida verdadera.
Los días de descanso se fueron extendiendo tanto que, en 1936, el gobierno francés tuvo que aprobar una serie de derechos sociales que incluían el reconocimiento a las vacaciones pagadas. Esta medida se propagó a todos los países tras el fin de la 2ª Guerra Mundial, y es desde entonces cuando podemos hablar del surgimiento del sector turístico y de la costumbre de tomarnos unas vacaciones.
Playa de Pinedo, Valencia. Fuente: Carmen Lacasa
Si quieres saber más sobre las vacaciones…. Consulta tu agenda, mira lo que no has hecho durante el resto del año… ¡¡¡¡Y hazlo ahora!!!!
 
¡FELIZ VERANO!
 
 

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