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27 octubre 2013

EGIPTO PREDINÁSTICO

Por Carmen Lacasa

Hablar del Antiguo Egipto siempre trae a la mente imágenes de pirámides, de templos, de reyes megalómanos y de tesoros enterrados y ocultos aún por descubrir. Pero Egipto, como todos los demás estados, tuvo una evolución histórica y un comienzo. Precisamente de ese comienzo habla este documento: del Egipto predinástico.   
Tratar de resumir 3000 años de historia en un breve “post” es una tarea poco menos que imposible; aún así, creo que vale la pena intentarlo.
Empezaremos por hacer una brevísima cronología:
-      Entre 6000 y 4500 a.C.: neolitización del valle del Nilo
-      Entre 4500 y 3900 a.C.: cultura Badariense
-      Entre 3900 y 3100 a.C.: cultura de Nagada
-      3100 a.C.: unificación de Egipto por Narmer, primer rey de la I Dinastía.
Durante el período comprendido entre 6000 y 4500 a.C. se produjo la NEOLITIZACIÓN del valle del Nilo. Neolitización es el paso de una economía de subsistencia a una economía de producción. Las comunidades humanas dejan de ser cazadoras-recolectoras y pasan a ser productoras de alimentos. Se practica la agricultura (cereales, hortalizas), la ganadería (bóvidos, ovejas, cabras, cerdos), el perro es un animal domesticado y aparece la cerámica, la cestería y el tejido.
La neolitización considerada como universal es la que se produjo en el próximo oriente asiático, en una región comprendida entre la franja sirio-palestina y los Montes Zagroz, y que empezó en el noveno milenio antes de Cristo. En este proceso apareció la agricultura en primer lugar, luego la ganadería y por último la cerámica. Recientes estudios en el norte de África han conducido a encontrar evidencias de una neolitización igual de antigua, pero donde la cerámica aparece en primer lugar, luego la ganadería y siendo la agricultura algo secundario. Es decir, en el Sahara se documenta la cerámica utilitaria más antigua del mundo.
A diferencia del Sahara y del Próximo Oriente donde la neolitización es muy temprana, en el valle del Nilo la neolitización es más bien tardía y no se da hasta el sexto milenio antes de Cristo. Esto es debido, muy probablemente, a que en el valle del Nilo el medio fue suficientemente abundante como para permitir a las comunidades humanas seguir viviendo de la caza, la pesca, la recolección y, en definitiva, de la explotación de los recursos fluviales; lo que hacía innecesaria una economía de producción. El trigo, las ovejas y las cabras llegaron del Próximo Oriente y la talla lítica, la fabricación y decoración de la cerámica del Sahara.
Un apunte antes de seguir, relativo a las denominaciones de Alto y Bajo Egipto que se van a repetir a partir de ahora con bastante frecuencia:
-     Se conoce como Alto Egipto la zona comprendida entre la primera catarata del Nilo (lo que ahora es la presa de Asuán) y el comienzo del Delta del Nilo (la antigua ciudad de Men-Nefer o Menfis); es decir, la zona sur de Egipto.
-     Se conoce como Bajo Egipto la zona del Delta del Nilo; es decir, la zona norte de Egipto.
Esta denominación podría parecer una contradicción, pero no es así, ya que el Nilo “desciende” desde el sur hacia el norte, con lo que la zona más alta del país (topográficamente hablando) es el sur y la más baja es el norte.
En Egipto se distinguen dos grandes áreas de civilización neolítica, denominadas área A y área B.
El área A data de finales del sexto milenio a.C. y se produce en el Bajo Egipto, es decir, en el norte del país; en concreto en delta occidental. No se trata de una cultura unitaria, ya que los yacimientos encontrados (Merimda Beni Salama, oasis de El-Fayum) presentan diferencias culturales y costumbres funerarias diversas.
El área B, en cambio, corresponde al sur del país, al Alto Egipto, y es algo más reciente puesto que se fecha desde mediados del quinto milenio a.C. Es la llamada CULTURA BADARIENSE (4500-3900 a.C). Se trata de una civilización homogénea, concentrada en un pequeño tramo del río Nilo en el centro del Alto Egipto. Conocían el trabajo del metal por percusión, en concreto, del cobre. Y también tenían una cultura funeraria homogénea: los enterramientos se hacían en necrópolis separadas de las zonas de vivienda y ubicadas en el desierto; los cuerpos se enterraban en fosas circulares, colocados en posición fetal, con la cabeza hacia el sur, mirando hacia occidente; había ofrendas de cerámica en las tumbas, una cerámica roja con los bordes y el interior de color negro sin decoración. Aún no existía la momificación; los cuerpos quedaban momificados de forma natural, a causa de la sequedad de la arena del desierto.  
 
Si nos atenemos a la mentalidad de los antiguos egipcios, que pensaban que el sur era la región de donde procedían las aguas fecundantes, fertilizadoras y revitalizadoras de la crecida del Nilo, y occidente era el reino de los muertos, podríamos estar, probablemente, ante la primera documentación de unas creencias que después serían características del Egipto histórico. Lo que lleva a concluir que fue precisamente en el Alto Egipto donde tuvo lugar el proceso gradual que condujo desde el neolítico hasta el Egipto histórico.
La cultura badariense dio paso a la CULTURA DE NAGADA, que se extiende a lo largo del cuarto milenio a.C. y que recibe su nombre a partir del yacimiento de Nagada, situado en el corazón mismo del sur del Alto Egipto, en la zona que se indica en el siguiente mapa:
 
En este mapa, se define por primera vez los estados incipientes del Alto Egipto predinástico: el reino de Hieracómpolis al sur; el reino de Nagada en el centro, que ocupa la parte meridional del meandro del Nilo; y el reino de Tinis-Abydos al norte (Tinis es el nombre de la ciudad, que no ha sido excavada; y Abydos es el de la necrópolis correspondiente, que sí ha sido excavada).
En estos centros es donde la arqueología documenta de forma más clara un incremento de la población, un incremento paulatino de la jerarquización social, la especialización del trabajo y la presencia de cementerios para las élites, con tumbas cada vez más ricas, tanto desde el punto de vista arquitectónico como desde el punto de vista de los ajuares y la iconografía. Lo que llevó a la formación de los primeros estados tempranos del valle del Nilo.
La cultura de Nagada se extiende entre 3900-3100 a.C. aproximadamente, abarcando casi totalidad del cuarto milenio, y se subdivide, a su vez, en distintas etapas:
-          Nagada I 3900-3750 a.C.
-          Nagada II 3750-3300 a.C.
-          Nagada III 3300-3100 a.C.
Cada una de estas etapas se subdivide en otras como, por ejemplo, Nagada IIBC o Nagada IIIAB, pero que no vamos a diferenciar en este documento.
Durante Nagada I, los yacimientos se encuentran en centro del Alto Egipto y también en el área inmediatamente adyacente por el sur hasta Hieracómpolis, extendiéndose por la mayor parte del sur del Alto Egipto. La cerámica es de color rojo con motivos decorativos blancos; motivos humanos, animales, vegetales o geométricos, inspirados en el medio fluvial y de las tierras inmediatamente adyacentes. Se han encontrado cabezas de maza discoides (arma depositada como ofrenda funeraria en las tumbas); paleta para mezclas cosméticas de grauvaca (roca detrítica grisácea) con forma de antílope; y estatuillas llamadas barbados que proceden de las tumbas de las élites. Son particularmente significativas si tenemos en cuenta que la barba, en tiempos históricos, será una prerrogativa del rey y de los dioses, es decir, un símbolo de poder.
 
Durante Nagada II, la cultura Alto Egipcia se extiende hasta el norte del propio Alto Egipto e incluso hasta el Delta, de manera que a finales de Nagada II, todo el valle del Nilo presenta una cultura material relativamente homogénea, originaria del Alto Egipto. La cerámica es de color beige con decoraciones en marrón o rojo oscuro; los motivos se inspiran en el medio nilótico y destacan las barcas de múltiples remos, que se asocian al simbolismo funerario. Se han encontrado mazas piriformes, consideradas símbolo de la realeza faraónica por ser el arma que el rey blande ante el enemigo atado y arrodillado.
De esta etapa, son especialmente importantes las tumbas T16 y T23, halladas en la necrópolis de Hieracómpolis, el cementerio HK6. El cementerio HK6 es importante porque en él se documentan por primera vez algunos de los rasgos definidores de la cultura funeraria del Antiguo Egipto.
La tumba T23 estuvo rodeada por una valla; tenía una pequeña capilla funeraria cerca de la cual se han inhumado objetos tallados en sílex, como armas y pequeñas tallas que representan animales salvajes como un íbex o un ovino salvaje; lo que hace pensar en uno de los temas recurrentes en el Antiguo Egipto: el dominio del hombre sobre los animales. También se han recuperado alrededor de seiscientos fragmentos correspondientes a una estatua humana de piedra caliza, posiblemente del rey enterrado en ella. Se trata de la estatua humana más antigua documentada de la historia del arte egipcio. Los fragmentos mejor conservados corresponden a la nariz y a las orejas y a partir de ellos, se ha podido deducir que se trataría de una estatua de tamaño casi natural.
En la transición de Nagada II a Nagada III, la situación política y cultural del Alto Egipto se transforma profundamente. De los tres grandes núcleos urbanos de la región, Hieracómpolis, Nagada y Tinis-Abydos, fue este último el que estuvo a la cabeza y se convirtió, probablemente desde principios de Nagada III, en la capital de un nuevo reino predinástico unificado del Alto Egipto. Estos tres estados incipientes se unieron muy a principios de Nagada III en un único reino unificado que emprendió un proceso de expansión política y militar, que lo llevó por el sur hasta la altura de Elefantina (es decir, a la altura Asuán, la primera catarata) y por el norte hasta el Mediterráneo.
Es importante tener presente que este proceso de unificación política y militar de las Dos Tierras estuvo precedido por un proceso de unificación cultural que se desarrolló durante Nagada II y que supuso que la cultura del sur, la cultura del Alto Egipto, se expandiera por todo el valle del Nilo, y en especial por el delta, es decir por el Bajo Egipto. Se impuso la tradición cultural material de Abydos (cerámica, industria lítica, objetos en metal, artefactos construidos por el ser humano, patrones de asentamiento, necrópolis, tumbas) en todo el valle del Nilo.
No se sabe por qué mecanismos se produjo esta unificación cultural, pero algunos autores han avanzado la hipótesis de que fuera el resultado de un proceso de colonización del Delta por parte de las élites del Alto Egipto, para asegurarse el control de las vías de comunicación por las cuales llegaban a Egipto bienes y materias de prestigio desde el continente asiático.
En Nagada III es especialmente importante la tumba denominada tumba U-j de Abydos, ya que en ella se han encontrado los primeros testimonios de ESCRITURA JEROGLÍFICA en el valle del Nilo. Se trata de pequeñas inscripciones vinculadas a las ofrendas funerarias y suponen el estadio inicial del proceso de formación de la escritura egipcia. Las inscripciones pintadas sobre vasos de la tumba U-j consisten en uno o dos signos. Cuando se trata de dos signos, uno de ellos es siempre el signo de un animal; mientras que el otro parece hacer referencia a un lugar. El signo de animal que más se repite con diferencia es el del escorpión.
También se han encontrado inscripciones de signos grabados sobre etiquetas de hueso o marfil, cuyas dimensiones oscilan entre 1 y 4 cm de lado y que tienen un agujero que permitía sujetarlas a las ofrendas a las que se relacionaban. En la mayoría de los casos, los signos constituyen la forma arcaica de los signos de la escritura jeroglífica definitivamente constituida. Estas inscripciones son de dos tipos: por un lado, tenemos cifras, y por otro lado, designaciones, especialmente de lugares. Probablemente, las dos inscripciones más interesantes de la tumba U-j son la de la siguiente fotografía.
Cada una de las dos etiquetas contiene tres signos. De estos tres signos, los primeros dos, con ligeras variantes formales, son idénticos en las dos etiquetas. Se trata de una serpiente y de una montaña. Estos dos símbolos se leen djw, que significa montaña. En cuanto al tercer signo de cada inscripción: el de la derecha es un ibis crestado y sirve para escribir la palabra egipcia i3hw, que significa luz; el de la izquierda es un cielo del que pende un astro y sirve para escribir la palabra egipcia grh, que significa noche u oscuridad. Así pues, las dos inscripciones pueden leerse djw i3hw, o Montaña de la luz, la de la derecha y djw grh, o Montaña de la oscuridad, la de la izquierda.
Datan de este período toda una serie de documentos iconográficos que conocemos con el nombre de DOCUMENTOS DE LA UNIFICACIÓN, que son testimonio elocuente de este proceso y que se encuentran en los soportes y en la iconografía.
En cuanto a soportes, los documentos de la unificación pueden ser pinturas murales o pinturas sobre tejidos; relieves esculpidos sobre mangos de cuchillo ritual de marfil de hipopótamo o relieves sobre paletas votivas de grauvaca o sobre cabezas de maza también votivas de piedra caliza.
En cuanto a la iconografía de los documentos de la unificación, hay básicamente cuatro temas: la guerra y el dominio; la caza; el ritual regio y la dialéctica orden-caos. Temas a través de los que se expresa la ideología faraónica naciente.
Los frescos de la fotografía están pintados en los muros de la llamada tumba 100 de Hieracómpolis, fechada muy a finales de Nagada IICD, es decir, algo antes de 3300 a.C. El tema principal es una procesión de barcas, posiblemente con significado funerario. Además hay temas secundarios asociados a la caza, a la guerra y al dominio. En la imagen se puede ver el famoso tema del señor de los animales: un personaje entre dos leones rampantes, en este caso rojo el de la izquierda y negro el de la derecha. También aparece la primera representación conocida del motivo de la masacre del enemigo, destinado a convertirse en uno de los temas iconográficos más significativos de la realeza faraónica histórica.
De Nagada IIIAB (hacia 3300-3100 a.C.), es decir, ya propiamente del período de la unificación, data el cuchillo de Djebel el-Arak. En la parte superior del recto de este hermoso objeto, podemos ver el motivo del señor de los animales, pero esta vez con una factura claramente elamita o mesopotámica; evidencia de contactos e influencias que en este momento hubo entre Egipto y el golfo Pérsico.
De Nagada IIIAB (hacia 3300-3100 a.C.) datan las grandes paletas votivas decoradas. Las más antiguas no presentan su decoración organizada en registros horizontales. En la paleta de la fotografía se representan las dos modalidades posibles de caza: la caza al herbívoro, que es alimenticia y por lo tanto sin peligro; y la caza al carnívoro, a la gran fiera salvaje, en este caso al león, que es una caza peligrosa, y por lo tanto socialmente prestigiosa.
De Nagada IIIAB (hacia 3300-3100 a.C.) datan también, finalmente, las grandes cabezas de maza votivas decoradas, las más importantes de las cuales son la cabeza de maza de Escorpión, que es la de la fotografía, y la de Narmer. En ella el rey aparece representado en forma humana, ataviado con el atuendo ritual, el faldellín corto y la cola de toro, tocado con la corona blanca y portando en la mano una azada. La escena corresponde muy probablemente a la fundación de un templo.
Pero sin duda, el más importante de los documentos de la unificación es la famosa Paleta de Narmer, que hoy se guarda en el Museo del Cairo. Fechada alrededor de 3100 a.C., es considerada por los egiptólogos como el documento que señala el final del pre-Dinástico y el principio del Dinástico, de la Primera Dinastía, de la cual Narmer sería el primer faraón.
En la Paleta de Narmer la decoración se organiza en registros horizontales y el rey aparece representado cuatro veces: dos en forma humana y dos en forma animal. En el registro superior de las dos caras de la paleta tenemos representada a la diosa Bat a lado y lado del serej con el nombre del rey.  En el recto de la paleta, en el segundo registro, podemos ver al rey en forma humana presidiendo una procesión militar que se dirige hacia una serie de enemigos decapitados. En el registro inferior, podemos ver al rey en forma de toro que embiste enemigos y destruye fortalezas. En el registro central dos serpopardos, es decir dos animales fantásticos mitad felinos y mitad serpientes (de clara influencia mesopotámica), entrelazan sus cuellos formando el círculo que en las paletas más antiguas servía para la mezcla de cosméticos.
En el verso de la paleta, tenemos al rey representado en forma humana en el conocido motivo de la masacre del enemigo, que aquí recibe su forma canónica y definitiva. Además también tenemos representado al rey en forma de un halcón que sujeta una personificación de la tierra del delta, de la Tierra de los Papiros, que se ven brotar inmediatamente por debajo del propio halcón. Este último motivo alude muy probablemente al dominio del rey sobre el Bajo Egipto, y por tanto al hecho de que la unificación de las dos tierras estaría ya completada.
No en vano, en la Paleta de Narmer, el rey aparece tocado por primera vez en un mismo documento, con lo que a partir de ahora será la corona roja del Bajo Egipto (a la izquierda) y la corona blanca del Alto Egipto (a la derecha). Esto significa que el estado dual histórico está ya en marcha.
Una vez completada la unificación hacia el 3100 a.C., los reyes unificadores abandonaron Abydos como lugar de residencia y se establecieron en Menfis, fundada en el vértice del delta, en el límite mismo entre el Alto y el Bajo Egipto, y convertida a partir de ahora en la capital del nuevo Egipto unificado.
Bibliografía:
Cervelló, J. “Orígenes”, tema 1 del curso Egiptología impartido online por la Universitat Autònoma de Barcelona a través de la plataforma Coursera.
Kemp, B.J. 1989. Ancient Egypt. Anatomy of a Civilization. Londres: Routledge, p. 22.
Sobre los últimos descubrimientos en el cementerio HK6 de Hieracómpolis:
Friedman, R. Hierakonpolis. En: Teeter, E. (ed.) 2011. Before the Pyramids. The Origins of Egyptian Civilization (OIMP 33), Chicago: Oriental Institute (cap. 4).
Sobre la tumba U-j y la invención de la escritura en Egipto:
Wengrow, D. The Invention of Writing in Egypt. En: Teeter, E. (ed.) 2011. Before the Pyramids. The Origins of Egyptian Civilization (OIMP 33), Chicago: Oriental Institute (cap. 11);
Dreyer, G. Tomb U-j: A Royal Burial of Dynasty 0 at Abydos. En: Teeter, E. cit. cap. 14).

 

01 septiembre 2013

EL VISIR EN EL ANTIGUO EGIPTO.

Por Carmen Lacasa

Al hablar de visires, siempre nos viene a la cabeza la figura idealizada de los visires del imperio turco otomano que dominó el Mediterráneo oriental desde finales del siglo XIII hasta principios del siglo XX. Quizá por ello, la imagen que se tiene del visir del Antiguo Egipto se acerca más a esta figura turco otomana que a la realidad.
 
Una de las razones podría ser el propio origen de la palabra “visir”, que no es egipcio, sino árabe. En egipcio la denominación que aparece en los textos es TAty, denominación transliterada de los jeroglíficos y textos hieráticos que podría leerse más o menos como “chaty”.
La expresión original para designarlo era tAyty sAb TAty “tayty sab chaty”, que significa “el del velo (o el de la cortina), alto dignatario (podría ser magistrado de la administración de justicia), visir”. Más adelante, los egipcios, que eran bastante dados a abreviar expresiones a la hora de escribir, la reducirían a “chaty”, denominación que aparecerá a partir de ahora.
Empezaremos por saber quién era y qué papel desempeñaba el chaty en la administración egipcia.
Hablar de la administración egipcia es hablar de un sistema complejo y muy bien organizado. Sistema que nunca dejó de funcionar, ni siquiera en los períodos llamados “intermedios” durante los cuales reyes extranjeros gobernaron el país. Existían muchos grados de funcionarios: desde los simples escribas copistas de documentos hasta los altos funcionarios que ejercían cargos similares a los actuales ministros. A la cabeza de todos ellos estaba el chaty, figura que siempre existió en Egipto tal y como muestran los documentos hallados.
Tanto es así que la figura del visir ya existía en la Dinastía I, en la época denominada tinita, en el III milenio a.C. y que abarca las Dinastías I y II (3065-2686 a.C.). De hecho, aparece en la Paleta de Narmer (o Nemes), rey que se considera el unificador del Alto y Bajo Egipto, el primer Rey de las Dos Tierras, fundador de la Dinastía I.
En la Paleta de Narmer se observa que junto al rey aparece un personaje de menor tamaño sobre el que está escrita la palabra Tt.
También aparece en la Maza de Narmer, en la escena de la procesión ceremonial, la palabra T junto al mismo personaje que en la Paleta. Ambas palabras podrían referirse al TAty, chaty, en una escritura en lengua egipcia antigua. Es importante recordar, a este respecto, que todas las lenguas evolucionan y que la egipcia nació hacia el año 3000 a.C. y dejó de usarse en el año 394 d.C.
Las funciones del chaty, así como la elección del cargo, pasaron por muchas etapas dentro de Egipto, tantas como dinastías e imperios. Pero la función que siempre mantuvo a lo largo del tiempo fue la de “Administrador de la Justicia”, de la mAat, Maat, aspecto importantísimo y fundamental dentro de la organización egipcia. Como tal, impartía justicia y nombraba a los magistrados.
El cargo de chaty era el de mayor jerarquía en el antiguo Egipto; se reunía con el rey varias veces al día para mantenerlo puntualmente informado de todo lo que acontecía en sus dominios. El monarca delegaba en él funciones de gobierno tales como la representación en cuestiones de dirección y administración civil y en todo lo concerniente a la administración de los dominios reales. Esta última función comprendía la administración de la residencia real, la elección del emplazamiento de la tumba real y la construcción de la misma. Otra de las funciones importantes del chaty era la de gobernar el país durante los 70 días de luto que sucedían a la muerte del rey; era también el que se ocupaba de supervisar el banquete funerario y el acompañamiento musical. Y, por último, era el que tenía el poder de nombrar, efectivamente, al heredero del rey.
En el Reino Antiguo (2686-2173 a.C), todos los funcionarios de alto rango eran educados en la corte y vivían en la residencia real. El cargo de chaty, al igual que el del monarca, podría haber sido un cargo hereditario, de padres a hijos, hecho que se deduce de los enterramientos de chatyw (plural de chaty) de la Dinastía VI hallados en Abidos y en Saqqara.
Por ejemplo, el de Weni el Mayor, chaty de Pepi II, que fue el primero que se enterró en Abidos y de su hijo Idi, también chaty. De Nebet, primera mujer chaty de Abidos, enterrada en Saqqara y de su hijo Dyan, también chaty de Abidos. Estos enterramientos se producían en espectaculares mastabas, entre las que destaca la del chaty Mereruka, de la época de Teti, en la que se ve escrito que era “Supervisor de las dos casas de la plata, supervisor de las seis grandes cortes, supervisor de los escritos del rey, supervisor de los dos graneros, supervisor de todas las obras del rey, el del velo, magistrado y visir”. Esta acumulación de títulos no significa que los ejerciera todos a la vez, sino que los pudo haber ejercido en épocas sucesivas, aunque en las tumbas aparecían escritos todos y cada uno de ellos.
Durante el Reino Antiguo el chaty acumulaba las funciones de Alcalde de la capital Tebas, Administrador de la justicia, Supervisor de la residencia real y Supervisor de los ejércitos.
La situación política durante el Primer Período Intermedio (2173-2040 a.C.) es poco conocida todavía, si bien se sabe que se produjo una descentralización del estado, con dos reinos: el del Alto Egipto, al sur, con capital en Tebas; y el del Bajo Egipto, al norte, con capital en Heracleópolis (deja de ser Menfis). La Dinastía VIII es una continuación de lo acontecido en el Reino Antiguo: existe la figura del chaty y los cargos son hereditarios, siempre con la aprobación del rey.
Durante el Reino Medio (2040-1786 a.C.) se vuelve al centralismo territorial, se unifica el país. Senuseret III (Sesostris III) impone un sistema de distritos o nomos (sepat en egipcio) con oficinas territoriales dirigidas por un wHmw (leído “uhmu”), un heraldo o registrador legal (nomarca). El chaty reside en la capital, pero los heraldos son los que tienen cierto poder en los distritos. En estas circunstancias, aparecen títulos administrativos para funcionarios que ejercen su trabajo en los diferentes distritos, no en la corte. Son títulos otorgados por el rey, entre ellos nomarcas o funcionarios de alto rango. También los templos tienen poder dentro de la administración, sobre todo en aquellos lugares en los que no había poder civil establecido. Los nomos importantes crean pequeñas cortes, que se enriquecen de forma espectacular, surgiendo verdaderas dinastías de nobles provinciales; son los nomos del Egipto Medio, en concreto Asiut y Meir.
Tras la guerra con los hicsos (entrando ya en el Segundo Período Intermedio, 1786-1552 a.C.), se produce una reforma de la administración que supone, en primer lugar, la creación de un ejército permanente. Hasta entonces, en Egipto no había ejército, sino que se creaban una serie de “expediciones” para ir a la guerra. Con la creación de este ejército permanente, aparece la figura del Comandante de los ejércitos, el imy-r mSa wr, “imy-er mesha wer”. También aparecen otros cargos, como el de alcalde de la Ciudad del Sur, Tebas, que ya no recae sobre el chaty; éste se ve obligado a ceder la administración de la capital a otro funcionario. Esto hace que el chaty pierda poder y ya no sea el segundo hombre, tras el rey, porque tras el monarca estarían el propio chaty, el comandante de los ejércitos y el alcalde de Tebas. Restando únicamente al chaty las funciones de la Administración de la justicia y la Supervisión de la residencia real.
Durante la Dinastía XVIII, que es la que inicia el Reino Nuevo (1552-1069 a.C.), se registra una mayor permeabilidad entre los diferentes grupos sociales. Ya no son solamente los nobles los que acceden a los altos cargos de la administración sino que aparecen algunos personajes que ascendieron por méritos propios. El cargo de chaty se desdobla en el país de las Dos Tierras: existe un visirato al sur, en el Alto Egipto, con capital en Tebas; y un visirato al norte, en el Bajo Egipto, con capital en Menfis. Sin embargo, el monarca otorga mayor poder al chaty, que obtiene atribuciones comparables con las de los actuales primeros ministros.
Considerado el mejor cargo de Egipto, el chaty se convirtió en un puesto muy lucrativo durante la Dinastía XVIII. Muchos de quienes lo ocuparon fueron favorecidos por sus señores, como Amenemopet, visir del faraón Amenhotep II, y su hermano Sennefer, alcalde de Tebas, que se convirtieron en hombres extremadamente ricos gracias a las atenciones reales. Sennefer fue un alto cargo y es conocido en la actualidad por la excepcional tumba en la que se enterró, a la que se hace una pequeña referencia en este mismo blog en el siguiente enlace:
El chaty era designado para el cargo tras una larga carrera administrativa, que empezaba pasando los veintitantos años, por lo que eran mayores al llegar a este puesto. La avanzada edad transmitía sabiduría y justicia del representante de la Maat ante el pueblo. Era una figura querida por el pueblo, incluso recibía ofrendas en sus tumbas; era él quien los defendía ante los abusos de los funcionarios corruptos, abusivos, etc. Era el defensor del pueblo. En las tumbas de Kagemmni y Ptahhotep (ambos de la Dinastía VI) han aparecido muestras de ofrendas humildes y gente enterrada a su alrededor.
Todo chaty accedía al cargo en una gran ceremonia durante la cual el faraón le daba instrucciones y recomendaciones que no convenía olvidar. Es en este momento cuando empiezan a aparecer una serie de textos muy interesantes en las tumbas de los chatyw, entre las que destaca la de Rehmire, que extiende en su biografía todo el texto del nombramiento, con la gente aclamándole, etc., además de incorporar todas las obligaciones propias de su cargo. Dice de sí mismo que era “noble, el segundo tras el rey”; o que era “el supervisor de los supervisores, el hombre de los secretos, que penetra en los santuarios”. Estos textos pasarían a conocerse como “La investidura del visir”.
Otro ejemplo es el de User, chaty de Hatshepsut y de Tutmosis III, Dinastía XVIII, que caricaturiza las enseñanzas de Ptahhotep y es él quien va al rey a decirle que cambie de chaty. Las enseñanzas de Ptahhotep son obras sapienciales que dan consejos de ética profesional, como el comedimiento (tenían obsesión por este tema) o no enriquecerse con el cargo.
Hubo ocasiones en la historia del Antiguo Egipto en que el chaty acabó accediendo al trono de las Dos Tierras. Tal fue el caso de Ay, considerado padre de la reina Nefertiti, que fue chaty de Tutankhamon y se convirtió en soberano tras la muerte de este joven rey. Otro caso conocido es el del chaty Paramesu, que sucedió a Horemheb con el nombre de Ramsés I y se convirtió en el fundador de la Dinastía XIX.
En esta Dinastía XIX, es conocido Paser, chaty de Seti I y de Ramsés II. Precisamente este personaje es el protagonista de la trilogía “El Juez de Egipto”, escrita por el egiptólogo francés Christian Jacq, en la que Paser (C. Jacq lo escribe Pazair, puesto que es francés) se ve involucrado en una conspiración para acabar con Ramsés II. Son tres libros: ”La pirámide asesinada”, “La justicia del visir” y “La ley del desierto” en los que el autor nos describe con todo detalle cómo un escriba funcionario llega a visir y las atribuciones que va adquiriendo a lo largo de los años.
La imagen muestra un precioso pectoral con el nombre del visir Paser, descubierto en el Serapeum de Saqqara por Auguste Mariette.
Es una novela, no hay que olvidarlo, pero os la recomiendo. Yo la leí hará unos dieciséis años y sigo con la sensación de que es una excelente recreación de la época de esplendor de Kemet.
 
 
 
 
Bibliografía:
Seminario “Los visires del Antiguo Egipto”, impartido por José María de Diego en la Escuela de Lenguas Bíblicas y Orientales de la Facultad de Teología de Valencia, febrero de 2011.
Artículo “La corte de un faraón”, de Elisa Castel para la revista Historia de National Geographic, nº 38.
Artículo “A la sombra del faraón: la jornada de un visir egipcio”, de José Miguel Parra para la revista Historia de National Geographic, nº 90.
Egyptian Grammar, de Sir Alan Gardiner.
Diccionario Conciso de Jeroglíficos de Egipcio Medio, de Raimond O. Faulkner.
Las imágenes mostradas tienen licencia Creative Commons o Wikimedia Commons.
Lecturas recomendadas:
Trilogía de novelas “El Juez de Egipto”, de Christian Jacq.