domingo, 18 de mayo de 2014

CABALLEROS TEMPLARIOS EN ESPAÑA

Los Caballeros de la Orden del Temple siempre han avivado la imaginación de la gente. Fueron conocidos, ensalzados y, finalmente, condenados a desaparecer.
Se ha escrito mucho sobre los templarios, ensayo y ficción. En este post solo se va a hablar de una pequeña parte de su historia: la que sucedió en España. 

La orden del Temple era una orden militar, es decir, formada por monjes cuya misión era la de luchar por el cristianismo con el poder de las armas. Estas órdenes militares surgieron en el siglo XI durante la primera cruzada, promovida por el papa Urbano II, y que culminó con la conquista de Jerusalén en el año 1099.
En un principio, las órdenes militares tuvieron la misión de asistir a los peregrinos que acudían a los Santos Lugares. Pero la inseguridad y la violencia que se desarrollaba en estas zonas hicieron que los monjes tomaran las armas, formando una militia Christi, o milicia de Cristo.
La orden de los Templarios fue la primera en aparecer. En un principio se denominaba “Los pobres caballeros de Cristo y del Templo de Salomón” y la fundó el noble francés Hugo de Payens en el año 1120 junto con otros cinco nobles franceses. Nueve años después, en 1129, Bernardo de Claraval defendió la nueva orden en el concilio de Troyes, donde se aprobó su regla.
Anillo de la orden de los templarios. Fuente: http://commons.wikimedia.org
Desde entonces hasta 1314, año en que murió Jacques de Molay, el último maestre del Temple, estos monjes-soldado participaron en numerosas batallas. Entre otras, en la reconquista del sur de Cataluña en 1148, por la que recibieron propiedades en Tortosa y Lleida; en la batalla de Hattin en 1189, perdida a manos de Saleh al-Din, Saladino; en la batalla de las Navas de Tolosa en 1212 al lado de castellanos, navarros y aragoneses; en la cruzada contra Egipto en 1250, en la que tomaron Damieta pero perdieron la batalla final; en la defensa de Acre en 1291, perdida a manos de los mamelucos; en la batalla de Homs en 1299, aliados con mongoles y armenios, que fue la última batalla que ganaron.
Saladin and Guy de Lusignan after battle of Hattin in 1187, 1954. Said Tahsine (1904-1985 Syria). Fuente: http://en.wikipedia.org
La introducción de la orden Templaria en España se produjo de una forma bastante inusual. En 1134 murió Alfonso I el Batallador, rey de Aragón y Navarra, y en su testamento dejó como herederos al Santo Sepulcro de Jesucristo y a sus guardianes, al Hospital de los pobres y a los caballeros del Templo del Señor, tres órdenes militares ubicadas en Jerusalén.
Alfonso I fue educado por monjes, teniendo un alto sentido de la cruzada contra el musulmán. De hecho, en el siglo XII, la península Ibérica estaba dividida entre cristianos y musulmanes. Con la decisión de legar sus reinos a los templarios, Alfonso I pretendía, casi con seguridad, que toda la península fuera reconquistada y pasara a manos de los cristianos.
Esta fue, evidentemente, una decisión que los nobles aragoneses y navarros no aceptaron en absoluto, tachándola de no válida. Pero el Papado, que controlaba en esos momentos la orden del Temple, reclamaba las posesiones que le correspondían según el testamento.
Los navarros, aprovechando la coyuntura, nombraron rey a García Ramírez. Los aragoneses pusieron en el trono a Ramiro, hermano de Alfonso I.
Tras unos años de desavenencias entre Aragón y el Papado, se llegó a un acuerdo en el año 1158, firmado por el papa Adriano IV y por Ramón Berenguer IV, heredero de Aragón por haberse casado con Petronila, la hija del rey Ramiro. En este acuerdo la orden del Temple recibía una serie de posesiones (los castillos de Monzón, Montgai, Chalamera, Barberá y Remolins), la exención de algunos impuestos y el compromiso de recibir la quinta parte de los territorios conquistados a los musulmanes.
Castillo de Monzón. Fuente: http://upload.wikimedia.org
Su presencia en la península quedaba ligada, pues, a la Reconquista.
Tras participar y vencer en las campañas de Valencia y Mallorca, la orden del Temple obtuvo numerosas encomiendas, es decir, rentas vitalicias sobre territorios. Llegaron a tener dieciocho en Cataluña, catorce en Aragón, tres en Valencia y una en Mallorca.
En 1150, Alfonso VII de Castilla entregó la fortaleza de Calatrava (en Ciudad Real) a la orden del Temple para su defensa, por ser un punto fronterizo estratégico con los reinos de taifas. Sin embargo, en 1159 la devolvieron por no poder asumir esta defensa.
Los caballeros del Temple participaron, con el reino de Castilla, en la toma de Cuenca (1177), la batalla de las Navas de Tolosa (1212) y la conquista de Sevilla (1248) entre otras. Por ello, recibieron hasta 32 encomiendas en Castilla: veinte en León, diez en Castilla y dos en Extremadura, además de territorios en Andalucía.
Ermita de San Bartolomé, cañón de Río Lobos, Soria. http://upload.wikimedia.org
Los templarios eran una organización internacional centralista y jerarquizada. Al frente de la orden estaba el Gran Maestre, que presidía el capítulo general. Los maestres provinciales gobernaban las posesiones, divididas en provincias. En la península Ibérica había dos: la de Aragón y la de Castilla, León y Portugal. Dentro de las provincias estaban las encomiendas, dirigidas por el comendador.
Las posesiones de la orden del Temple en la península Ibérica fueron conseguidas de diferentes formas. La principal fue la donación directa la manda testamentaria de monarcas, nobles y clases modestas. Los reyes les entregaron derechos y territorios, casas y solares como pago por sus servicios en la reconquista. Los nobles los entregaban por sintonía y los más pobres por alcanzar beneficios espirituales.
La tierra era la principal fuente de riqueza de los templarios, que aumentaron con compras y permutas, llegando a destacar como banqueros. Ejercieron como cambistas de monedas y como prestamistas, debiendo cobrar alrededor de un 10% por cada operación.
Formaron una poderosa red financiera internacional armada.
También tuvieron una flota propia, amarrada en puertos como del de Barcelona, Marsella y Montpellier, entre otros. Desde allí enviaban armas, caballos, dinero y viajeros a Tierra Santa.
Todos estos ingresos de la orden del Temple estaban destinados a la Cruzada en Oriente y a la Reconquista en la península Ibérica, ambas campañas equiparadas en cuanto al perdón de culpas de aquellos intervinientes.
Todo este poder pudo ser el origen de su destrucción que empezaría con las primeras acusaciones en 1307 y terminaría en 1313.
Bibliografía:
Esteban, Asunción y Castán, Javier, La orden del Temple en España. Historia National Geographic nº22.
Corral Lafuente, José Luis, Templarios en Tierra Santa. Historia National Geographic nº42.
Fuguet Sans, Joan y Plaza Arqué, Carmen, Templarios, los soldados de Dios. Historia National Geographic nº52.
Porrinas, David, Templarios, guerra y caballería en Tierra Santa. Historia National Geographic nº105.

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