domingo, 4 de mayo de 2014

FENICIOS, UN PUEBLO DE COMERCIANTES

La historia del pueblo fenicio abarca 2500 años de historia, desde que hacia 3000 a.C. se fundaran las ciudades de Tiro, Ugarit o Biblos hasta el 500 a.C. cuando son absorbidos por otras civilizaciones, en concreto por la babilónica de Nabucodonosor II. 
Es imposible resumir en unas líneas toda la historia de este pueblo, por lo que en este post me centraré en el comercio.
 
Como sucede con todas las civilizaciones antiguas, el nombre con el que los fenicios han pasado a la historia no suele ser el nombre que utilizaban ellos mismos para autodenominarse. En realidad, ellos se llamaban a sí mismos kinanu, que significa púrpura, color por el que eran famosas sus túnicas. Al no existir prácticamente ninguna información escrita por ellos, toda la información de que se dispone proviene de fuentes griegas. De ahí que se les conozca con el nombre de phoinike, que en griego significa rojo, púrpura, palmera, y del que deriva el vocablo fenicio.
El hecho de que se les conociera por el nombre de un color, el púrpura, es por su famosa manufactura de suntuosas telas teñidas con ese color; un color característico e indeleble que sólo ellos sabían producir y del que mantenían la fórmula en secreto. Este tinte se obtenía a partir de dos gasterópodos muy comunes en su territorio, especialmente en Tiro: el Murex trunculus y el Murex brandaris.
El molusco se desprendía de su caparazón y se le extraía la glándula hipobranquial, que se ponía al sol en una cacerola poco profunda con agua de mar. Al descomponerse se producía un líquido que era usado para tintar. En función del grado de descomposición, tenía diferente tonalidad desde el rosa pálido hasta el púrpura intenso.
Los griegos bromeaban diciendo que reconocían una ciudad fenicia desde lejos por su hedor, lo cual no era de extrañar dada la forma de fabricación del producto principal con el que comerciaban.
Los fenicios fueron pioneros en establecer un circuito comercial por el Mediterráneo. Podría decirse que hay cuatro etapas en la expansión comercial de los fenicios:
-      La primera (hasta s. XII a.C.), en la que se establecen relaciones comerciales con Anatolia y Egipto y se fundan factorías en Chipre.
-      La segunda (s. XII-IX a.C), cuando las naves fenicias recorren el norte de África, Sicilia, Cerdeña y Córcega, pudiendo llegar a Cádiz.
-      La tercera (s. IX-VII a.C), explorando las costas ibéricas, marroquí atlántica y portuguesa.
-      Y la cuarta (s.VII a.C.), donde hay evidencias textuales, no arqueológicas de su visita a las islas Azores, Canarias y Cassitérides.
Originarios de la costa este del Mediterráneo, los primeros asentamiento conocidos son los de Biblos (cuyos restos más antiguos datan de 2700 a.C.), Sidón, Tiro o Ugarit. Ya en la Edad del Bronce Final recorrían la costa de Canaán para comerciar. Pero fue a partir de la Edad del Hierro (siglo X a.C.) cuando su actividad comercial se desplegó en todas direcciones.
Sirviéndose de sus conocimientos sobre astronomía y de las mejoras en la construcción de barcos y en la navegación, los fenicios se lanzaron a su gran expansión marítima. Buscaban las materias primas y las riquezas que su comercio precisaba.
Nave de comercio fenicio llegando a Faros, de Albert Sebille. Fuente: http://www.allposters.com/-sp/Phoenician-Trading-Vessel-Arrives-at-Pharos-Posters_i1867949_.htm
La manera de comerciar de los fenicios era muy particular. En un primer estadio de contactos, se producía una exploración de la zona en la que el barco se acercaba a una playa y los tripulantes dejaban extendidas las mercancías sobre la arena. Después encendían una hoguera como aviso y volvían a la nave para esperar la respuesta de los pobladores. Estos depositaban las mercancías que ofrecían y se alejaban para ver la respuesta de los fenicios. Si aceptaban, cogían lo ofrecido y se iban; si no, se volvían al barco a esperar que los costeños incrementaran la oferta. Esta operación se repetía tantas veces como fuera necesario hasta llegar a un acuerdo en el trueque de mercancías.
Si el lugar les ofrecía posibilidades económicas, los fenicios establecían una factoría: un pequeño enclave con algunas casas y almacenes, habitualmente ubicado junto a fondeaderos accesibles. Estas factorías se convertían en el punto de intercambio permanente con los habitantes del país y eran el destino periódico de las naves fenicias, posibilitando, además, algunas rutas de interior.
La factoría podía llegar a convertirse en colonia, donde los fenicios fundaban una auténtica ciudad, siempre y cuando la estructura sociopolítica de la zona permitiera su dominio comercial. Huían de estados complicados o con poderes políticos sólidos.
El comercio no excluía acciones de saqueo y captura de esclavos, una de las mercancías más valiosas de la antigüedad, pero parece que quedan diluidas por su gran fama de comerciantes exitosos.
Quizá pueda parecer que los fenicios fueron los primeros “emprendedores” de la historia, pero en realidad su salida al exterior fue consecuencia de las circunstancias que los rodeaban: pérdida de territorios, deforestación, presión demográfica, necesidad de abastecerse de productos agrícolas, incursión de los ejércitos asirios y babilonios… Todo ello hizo que se plantearan la salida hacia el mar para establecer un comercio lejano.
Los fenicios comerciaban con sus productos manufacturados: muebles y objetos de ebanistería, vestidos de lana y lino teñidos con la famosa púrpura, estatuillas y cuencos decorados en bronce, platos, fuentes y jarros de bronce y plata, collares, pulseras, pendientes, colgantes y otros objetos de orfebrería en metales nobles, vidriados, marfiles decorados y cerámicas. Todos estos objetos eran fabricados en los talleres fenicios cuyo oficio se transmitía de padres a hijos y estaban, además, organizados en corporaciones profesionales bajo la autoridad de un gran maestro.
La reputación de los técnicos y artesanos fenicios era tal que incluso trabajaron en las cortes de Asiria, Babilonia, Persia o Israel.
Pero para fabricar estos productos necesitaban materia prima, de la que apenas tenían. Obtenían la madera de cedro y abeto del Líbano, el cobre de Chipre, el oro y la plata de Etiopía, Asia Menor y Tartessos (en la actual Andalucía) de la cual también obtenían el hierro y el estaño; el marfil provenía de India a través del Mar Rojo o de África a través de Egipto, Cartago y otras colonias africanas.
Las materias primas que sí obtenían en su territorio original eran la púrpura, extraída del múrice, y la pasta de vidrio.
A la izquierda, una muestra del color específico del púrpura de Tiro y, a la derecha, una muestra inespecífica más clara, que permite ver su matiz. Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/P%C3%BArpura
Aunque es cierto que una de las razones fundamentales de los fenicios para comerciar era la búsqueda de metales, especialmente plata y estaño, hubo otro aspecto en el que también destacaron: en la recogida de chatarra y su reciclaje.
Los comerciantes fenicios recorrían el oeste del Mediterráneo buscando artilugios metálicos amortizados por los naturales de la zona, especialmente de bronce. Los cambiaban por herramientas y armas de hierro, más resistentes y baratas de producir. Y con lo obtenido se trasladaban a Fenicia donde lo fundían y lo convertían en objetos de lujo.
Hay evidencias de que llegaron a la costa atlántica, ya que se establecieron en Marruecos, con la clara intención de controlar el estrecho de Gibraltar y eliminar competidores. Y también que llegaron a Portugal, donde tenían establecimientos.
Es también posible que desde Marruecos y Portugal llegaran a las Islas Canarias o a las Azores, aunque no hay evidencias arqueológicas de ello.
Lo que sí podría calificarse, quizá, de ficción sería una serie de viajes a lejanos confines de los que nos hablan el historiador Herodoto y la Biblia. Sería, por ejemplo, el viaje por el mar Rojo hasta el país de Ofir (que quizá sea Somalia, Yemen o India). O la circunnavegación de África por encargo del rey egipcio Necao II. O el viaje de Himilcón a Cornualles y de Hannón a Senegal.
Sea como fuere, los fenicios abrieron el mar Mediterráneo al comercio entre países, acercaron culturas mediante el trueque de objetos y establecieron muchas de las ciudades en las que aún seguimos viviendo.
Bibliografía:
González Wagner, Carlos, La civilización del mar. Dueños del Mediterráneo y del comercio, Historia de la Humanidad, Tomo 6, Arlanza ediciones.
Vich Sáez, Sergi, Navegación y mercaderes. La intensa actividad fenicia, Historia y Vida nº 444.
Vich Sáez, Sergi, La expansión fenicia. Colonización del Mediterráneo, Historia y Vida nº444.
 

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